Perder a mi hija, Diani, a causa de la diabetes tipo 1 cambió el rumbo de mi vida para siempre. A Diani le diagnosticaron la enfermedad a los 18 años, justo cuando entraba en la edad adulta, llena de alegría, ambición y sueños. De repente, su mundo se llenó de restricciones, cálculos y recordatorios constantes de que su salud ahora dependía de inyecciones diarias de insulina, una alimentación equilibrada y un control riguroso. A pesar de su inteligencia y fortaleza, esta nueva realidad le resultó difícil de aceptar. Controlar la diabetes se convirtió no solo en un reto médico, sino también emocional y psicológico: un recordatorio diario de lo que había cambiado.
A lo largo de los años, Diani tuvo dificultades para administrarse la insulina con regularidad y controlar sus niveles de azúcar en sangre, lo que provocó frecuentes hospitalizaciones por cetoacidosis diabética. Aun así, se mantuvo firme en su deseo de vivir de forma independiente y perseguir sus sueños. En 2025, cuando se preparaba para dejar de estar cubierta por mi seguro tras cumplir 26 años, trabajamos incansablemente para conseguirle cobertura. A pesar de nuestros esfuerzos, a Diani se le denegó la cobertura varias veces y, presa del miedo y la frustración, intentó sobrevivir sin insulina hasta que comenzara su nueva cobertura. El 18 de mayo de 2025, mi esposo y yo nos enfrentamos a una realidad que ningún padre debería vivir jamás: nuestra hija había fallecido.
En los meses transcurridos desde aquella pérdida inimaginable, mi dolor se ha transformado en determinación. Quiero ser voluntaria y compartir la historia de Diani a través de la Asociación Americana de Diabetes para ayudar a garantizar que ningún joven adulto enfrente las mismas dificultades que ella. Quiero abogar por leyes que eliminen las brechas en la cobertura de seguros, amplíen la información sobre la realidad de la transición a la edad adulta con diabetes y ayuden a las familias a superar estos desafíos antes de que sea demasiado tarde. La historia de Diani merece ser escuchada, no con tristeza, sino como un llamado a la acción. Al compartirla, espero ayudar a salvar vidas, fomentar la comprensión y proteger a otras familias del dolor que cambió la nuestra para siempre.