Me llamo Tonya y, a mis 56 años, la salud es un tema muy personal para mí. La diabetes ha marcado la historia de mi familia de forma dolorosa. Mi madre falleció a los 57 años debido a complicaciones derivadas de la diabetes. A mi edad, no puedo ignorar el peso de esa realidad. Me ha obligado a reflexionar no solo sobre mi historia familiar, sino también sobre las decisiones que tomo para mi propio futuro.
Hace unos años me diagnosticaron prediabetes. En aquel momento, entendí que era grave, pero no comprendí del todo la urgencia. Llevaba una vida ajetreada y, como no me sentía enferma, no le di importancia. La prediabetes me parecía una advertencia que podía afrontar más adelante. Por desgracia, ese "más adelante" suele llegar de repente. En lugar de dejar que la ansiedad me consumiera, decidí tomar cartas en el asunto y me apunté a un gimnasio.
Para enero de 2026, mis esfuerzos comenzaron a dar frutos de forma tangible. Mi nivel de hemoglobina glicosilada (A1C) había bajado a 6 y había perdido 4,5 kilos. Si bien el camino aún no ha terminado, estas cifras representan progreso, disciplina y esperanza. Son prueba de que pequeños cambios constantes pueden generar resultados significativos, y de que el miedo, cuando se enfrenta directamente, puede transformarse en fortaleza.